Y a veces (la mayoría de) tu vida es una especie de representación victoriana.
Pensando en la relatividad de las moléculas, en lo triste que es el mundo en general, y las molestias que ocasionan los niños cuando no tienen quince horas lectivas entre colegio y actividades extraescolares, llego a la conclusión de que el único momento en que el ser humano es realista y se comporta como tal, es en esa media hora transcurrida entre el despertar y salir de casa.
Te levantas, te metes en la ducha mientras con el pie conectas la cafetera, se te encuentra el ojo con el espejo, piensas que últimamente al despertarte eres David Bowie, que deberías volver a correr, que se te está cayendo el culo hasta el suelo, que odias los azulejos del suelo del baño, que odias tenerte que poner lentillas cuando has dormido tres horas, que odias el olor a pan que sale de casa de los vecinos…
Y te tomas un café mientras bendito sea dios, te lees el periodico. Qué felicidad, qué maravilla. Esos momentos de disfrute, ese, y el de la resaca de los sábados (ducharte y volver a la cama -y si mientras te rascan un brazo, mejor), valen su peso en oro.