… en un país muy lejano, una persona llamada Alguien, que vivía en una torre.
Pasaba las horas acompañado por un ordenador y su… eh… periquito. Tras muchas aventuras -mudanzas, giras mundiales, cambios de jarguare y actualizaciones- el ordenador (aciago destino) se encontró cara a cara con La Muerte, cosas de las subidas y bajadas en la tensión de la red eléctrica. Ante lo inevitable, decidió abrazarla, dirigiéndose -no sabemos si en suerte o condena- hacia un universo espaciotemporal desconocido.
Gritos de dolor y llantos resonaron en los bosques cercanos.
A la voz de ya, y con las vestiduras rasgadas (podrá mi Ariel con estas manchas?) Alguien se dirigió a cierta-y-no-muy-cercana tienda de informática, donde prometían el Oro y el Moro y un montaje gratuito por componentes. Otra cosa no, pero Alguien era pobre y roñas, atributos ambos reñidos con la calidad -según comprobó más tarde.
Contemos con que la pérdida sin cariño no es nada, y éste se deriva del roce. Cuando el NuevoOrdenador estaba ya instalado, tenía habitación y Alguien se dedicaba a tricotarle una bufanda, un brutal arreflús acabó con su vida. Serán los hombres, será el café, será la tarjeta de vídeo, el nosequé, el nosecuantas, el blá. Tras días de veterinario que se convirtieron en más días de veterinario y acabaron por ser demasiados (putos) días de veterinario, el NuevoOrdenador regresó a la torre. Re-inventado, re-estructurado, re-organizado. Una maravilla.
No eran cosas tontitas. Tras formateos, tigres comiendo en un trigal y juramentos varios entre encomiendas al Altísimo, Alguien descubrió que, efectivamente, el NuevoOrdenador seguía dando jodidos fallos. Los jodidos fallos (achacados, entre otros, a excesos de temperatura, viruses, o cosas del caprichoso destino) llegaron hasta un punto insospechado por lo insostenible; punto en el que el botón de reinicio decidió sumergirse en las amables carnes metálicas de la torre, desapareciendo por siempre jamas.
Y en este punto, queridos amigos, se encuentra ahora mismo Alguien. El momento ansiado en que para apagar el NuevoOrdenador hay que desenchufarlo, darle unas patadas o rezar. Y vivimos felices y comimos perdices. Ehem.