Me comentaban unas cuantas cosas sobre la teoría del aburrimiento como explicación de los comportamientos bipolaroides. Que vamos, no es que seas inestable, no, es que no tienes tiempo. No tienes tiempo ni para estar jodido, conclusión, pasas por momentos-mierda de diez minutos por no poderte permitir más.
Hablábamos sobre Los Hombres De La Vida y ser La Mujer de Idem. Que estaba reñido con la poligamia y con pensar en pollas hasta el punto de que te salgan de los sobacos. Yo alegaba en mi defensa que la monogamia no es lo mío, que tiendo hacia lo infiel por naturaleza, y que tengo una colección de cepillos de dientes que si algún día un polvo se vuelve famoso, me forraré gracias a Ebay. Y que me gusta que me den duro, que también.
Y esto viene a ser la patética hasta el vómito, a la par que triste realidad. Que sólo se piensa que algo podría ir bien cuando no va, porque la tensión es cero, la implicación nula, cúrameseñordespantos, etc, etc. Y que en cuanto el asunto tiende hacia la seriedad, o me engaño y la jodo, o huyo y la jodo (pero alegremente, eh, no crean).
Después de unos cuantos meses de toparme con auténticos ineptos sexuales (qué les enseñarán en el colegio, no lo quiero saber), el potorro se me encariña con cualquier cosa. Incluido uno que me he cruzado bajando a por tabaco y que me ha hecho plantearme que salir de casa sin duchar, con la ropa de ayer, sin calcetines y sin sujetador, puede no ser lo más correcto para follarte a un desconocido. Salvo que le guste Ana Lucía y lo sucio, todo puede ser.
Vaya cartelón tiene el Primavera por cierto. Y yo que andaré de exámenes en aquellas fechas. Qué contrariedad.