Estás tú en la fiesta del nolotil, y te preguntas, en un ataque de éxtasis místico propio de Madonna al descubrir la Kabala: "PERO ES TAN JODIDAMENTE DIFICIL CONTESTAR A UN PUTO MAIL?".
Miren que el tema parece superficial pero no lo es. Unamisma, educada en el más estricto ambiente pseudoreligioso de finales del XX (nada que ver con porno), contesta hasta los newsletters que le manda la Anuncios. Una es comprensiva, y entendedora de divino-humanidades, conoce el hecho (simple) de que tal vez demasiada carga psico-emocional pueda dar al traste con cierta serie de actividades, al encontrarse en un ataque de histeria mental que de como resultado el desdoble de sus ya de por si múltiples personalidades.
Entre las ganas de matar, las de salir, las de que llegue de una puta vez el amigo Informático (para poder llorarnos entre ginebras, cosa que pocos hacen como él) que lo arregla todo (en varias facetas del hecho "arreglar"), las de acabar con este puto catarro infernal que la tiene confinada en casa, que parece Ella el Puto Conde de Montecristo, que ya está construyendo un catamarán con palillos para ver si así vence la adversidad representada en un foso con cocodrilos (y fundamentalmente, por las pocas ganas que tiene Una de meterse en agua fría, dada su tendencia a las cistitis cuando anda con la defensa baja).
Entre todo esto (dos días de hablar exclusivamente con El Gato están consiguiendo que mi escasa capacidad de antención se escurra entre las juntas de las baldosas de mi baño - que cuándo pensarán los del seguro venir a arreglarme el techo del mismo- me pregunto), Una cae en la cuenta de que, el pensamiento, deseo, anhelo, e incomprensión máxima, está fundamentado en "necesito echar un puto polvo", con versiones decadentes (por el hecho de que caen, hacia abajo, en un símil de estructura arbórea de análisis sintáctico) en el punto 1 ("qué coño hay que hacer para echar un puto polvo?") y el punto 2 ("dónde coño se han metido los tíos guapos de esta Ciudad?"). Es más, no ya los guapos, sino los tíos, en general. Que esto parece La Ciudad De Las Amantes Perdidas de (digamos) Kevin, con sus sherpas al lado.
Mismamente, y sin demasiada tensión (gracias al Maligno, nos ha dado una tregua psicotrópica en cuanto a estres se refiere), deduce (con su gran inteligencia) que tal vez el problema sea llevar las últimas 48 horas en pijama, cayéndosete los mocos, y que tal vez no vaya a venir el puto hombre de tu vida, que viene a ser una mezcla entre Calamaro, House, y mi novio de cuando tenía trece años a buscarte a tu casa.
Aunque sería fantástico que viniera, para decirte "oh, nena, suelta esos clines del Lydl y bajate las bragas, vengo a realizar todas tus fantasías (y si, he traído queso y pimientos para cenar, con unas cervecillas y pakistaní)", mientras de fondo suena Barry White. Ya se sabe que a veces, Barry White es imprescindible.